Caminaba por todas las calles buscándola. Sus ojos inspeccionaban cada detalle minuciosamente pero ya sin ver, sólo mirando por costumbre, como si en vez de hombre fuera un robot o un televisor programado para funcionar así eternamente, o al menos, hasta el fin de su vida útil. Las horas le pegaban pero no lo tocaban, el ya no estaba. Había una pared entre el y el tiempo, una delgada línea invisible que lo protegía pero alejaba a su vez del resto de vida, porque su vida era un resto, las sobras viejas de varios días atrás, era un anciano encerrado en un cuerpo joven que en algún otro lejano lugar fue lindo, era simplemente una contradicción andante.
A veces sentía que levitaba, porque le era imposible notar esa conexión de cuerpo y mente. Su cerebro ya no le ordenaba que caminara pero sus pies lo hacían igual. La vida corría a su lado, la gente y sus mascotas, sus autos y sus problemas, pero el jamás se volteaba a mirar porque ya no veía. La sonrisa dulce de un pequeño bebé, el ruido penetrante de un grito desolado, daba igual el esplendor o la tragedia en su planeta. Cuando ella se perdió fue como si todo su ser se hubiera quedado a oscuras. Imagínese algunos instantes, usted encerrado en una habitación totalmente negra: sin luz, ni color, ni sonidos u olores. Solo usted, palpitando su propio cuerpo y sus pasos, las voces de su propio ser.
En ocasiones sentía con sus manos algunas cosas. Tocaba con sus dedos gastado e imaginaba siluetas, soñaba con lo que podrían llegar a ser, pero le era imposible chequear sus teorías porque la luz nunca se encendía. La situación era bastante desesperante.
Vuelva al cuarto oscuro e imagínese tratando de encontrar ese maldito interruptor por todas partes. Pero que difícil, ¿no? Si ya no se encuentra en el lugar de siempre, y podría estar en cualquier parte, en cualquier metro cuadrado de ese inmenso cuarto sombrío. Lo único que tenía entonces era el tiempo. A pesar de su casi absoluto aislamiento, el todavía estaba allí, y buscar era lo único que podía hacer mientras continuara estando allí, mientras su voz interior siguiera viva.
Cuando ella se fue, después de haberla buscado hasta debajo de los botones, quiso abandonar el juego. Solo, en la oscuridad, trato de apagarse, quiso con todas sus fuerzas abandonar el juego. Trato desde lo mas profundo de sus entrañas, quiso apagarse, apretar algún botón o la famosa tecla ESC, pero no pudo. Cuando cerraba bien fuerte los ojos, veía cosas, le era imposible dejar el espacio en blanco. Se enojaba tanto que se mandaba a callar y gritaba ordenes a todo volumen, pero esos sonidos y dibujos se seguían proyectando en contra de su voluntad, y, sin querer, se echaba a reír pensando en el curioso hecho de que alguna vez pensó que controlaba su cuerpo, y ahora no era capaz de callar su propia voz por un instante. Esa voz sorda, que es tan fuerte pero no hace ruido, tan indefinida y misteriosa. Imagínese entonces a ese pobre hombre viviendo en el calvario de su propio ser.
Hay que aclarar que el no siempre había sido un hombre inerte. El jamás había sido el tipo de persona que vive por vivir, porque alguien lo trajo al mundo y ya. El había sentido un llamado, como los religiosos, y había dedicado su vida a una misión. El llamado ocurrió una tarde seca de verano, siendo el muy chico e ingenuo, el día en que la conoció a ella, no casualmente. Nunca pensó en esto como una coincidencia, porque sus piernas no lo llevaron ahí por accidente, ni tampoco el tiempo. Siempre supo que nada pasa porque sí, pero es mucho más fácil para todos nosotros pensar que es así. Si dejáramos de creer en las casualidades deberíamos empezar a responder muchos porqués, y estos serían tantos pero tantos que nos explotarían los sesos o terminaríamos en un psiquiátrico. Y a pesar de los horribles pronósticos, el sintió que ese fue su llamado: responder a esos porqués.
Antes de su desaparición, ella lo escuchaba y lo apoyaba en su misión. No entendía muy bien todo pero no le importaba porque siempre admitió ser un poco tonta. Para ella, todos eramos algo tontos porque no eramos máquinas preparadas para entenderlo todo. Decía que jamás ibas a lograr entender algunas cosas, pero lo importante es combatir esa tontera al máximo y no rendirse nunca. ¿Se habría ella rendido al fin?.
No solían compartir este tema con nadie, porque eran fieles creyentes de que si la gente se enteraba de su eterna ignorancia iban a dejar de luchar ya que a nadie le gusta pelear en guerras perdidas. Y eso es lo común, nadie lucha para perder. Siempre el ganar fue algo muy sobrevaluado, pero los perdedores conocen sus defectos, y es la lucha incluso mas importante que el trofeo.
jueves, 26 de mayo de 2011
lunes, 2 de mayo de 2011
Que si, que no
Que si fuimos lo peor o no.
Que si cambio algo para vos, talvez yo.
Que si hubieramos podido arreglarlo.
Que si nunca va a venir algo mejor.
Que si alguna vez se te cruza pensarme,
porque yo pienso y pienso, casi siempre y sin querer.
Que si fue mi culpa la ignorancia.
Que si tu marca en mi tambien la llevas vos.
Que si hubo cosas que no pude ver, caminos sin recorrer.
Que si te extraño a vos o a mi suerte.
Que si alguna vez pudiste leer,
que yo te queria y no lo dije muchas veces.
Y es imposible explicar o lograr medir,
la cantidad de amor o de locura en mi,
imposible contar con los dedos o la boca
el pasado que es presente casi siempre en mi memoria.
Que no quise lastimarte ni humillarte.
Que no voy a lamentarme sin pelearte.
Que no creo que las marcas se te olvidan.
Que no siento que hoy sea al fin el fin eterno
Si queda tiempo, quedan hojas,
y si hay hojas sobra historia...
Que si cambio algo para vos, talvez yo.
Que si hubieramos podido arreglarlo.
Que si nunca va a venir algo mejor.
Que si alguna vez se te cruza pensarme,
porque yo pienso y pienso, casi siempre y sin querer.
Que si fue mi culpa la ignorancia.
Que si tu marca en mi tambien la llevas vos.
Que si hubo cosas que no pude ver, caminos sin recorrer.
Que si te extraño a vos o a mi suerte.
Que si alguna vez pudiste leer,
que yo te queria y no lo dije muchas veces.
Y es imposible explicar o lograr medir,
la cantidad de amor o de locura en mi,
imposible contar con los dedos o la boca
el pasado que es presente casi siempre en mi memoria.
Que no quise lastimarte ni humillarte.
Que no voy a lamentarme sin pelearte.
Que no creo que las marcas se te olvidan.
Que no siento que hoy sea al fin el fin eterno
Si queda tiempo, quedan hojas,
y si hay hojas sobra historia...
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