A veces creo que toda nuestra vida es una mentira, es una gran película que vamos inventando, día a día, segundo a segundo. Somos los directores y productores de nuestras propias escenas, elegimos a los actores y hasta creamos nuestra propia escenografía. Lo mas curioso es cuan inconscientes somos de esto. Nos es tan fácil leer y descifrar a los demás: descubrir sus defectos, predecir sus errores y desiluciones, alentar sus ideas y brindarles alegria o dolor, alimentar sus propias mentiras. Cuando la lupa se mueve y se posa sobre nosotros la cuestión es mucho mas complicada. Nos creemos al pie de la letra las historietas que creamos en nuestra mente, nos vendemos el cuento, nos autoconvencemos de cualquier cosa. Creo que subestimamos profundamente el poder que tiene nuestra mente, y esta a su vez, muy conciente de este hecho, nos engaña como chicos. Somos expertos en echarle la culpa a todo: al clima, al mundo, al alcohol, a los políticos, a los vecinos, al profesor, a la iglesia, a nuestros padres, a la suerte, al destino, a la puta vida. ¿Y cuantas veces nos hacemos los tontos?los dormidos, los que no escuchamos, los que no vimos, los que no sentimos...Todos, en mayor o menor grado, nos deberíamos ganar el oscar al mejor actor inconciente alguna vez, y no sólo por vender un sueño a los demás, sino que, principalmente, por vender un sueño a nosotros mismos.
Ya lo escuche mil veces, "somos lo que pensamos", mas ahora me pregunto: ¿pensamos, alguna vez, en lo que realmente somos?.
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